Vida, divino tesoro, ya te vas para no volver
Me llamo Pablo, tengo setenta años y ayer me diagnosticaron un tumor.
Ha sucedido tan de repente que todavía no puedo darme cuenta de que mis días se están agotando. El cáncer ha sido como un rayo velocísimo, caído del cielo. Ahora estoy seguro de que el tiempo que me queda ya es escaso para desperdiciarlo en acciones inútiles y gestos sin sentido. Sólo ahora me doy cuenta de que mi vida ha sido un completo fracaso.
De hecho, hasta hoy mi único objetivo ha sido el trabajo para ganar, ganar, ganar cada vez más dinero y mitigar mi codicia infinita: compré numerosos palacios de lujo, carísimas pinturas al óleo de algún personaje famoso, dos veleros que utilicé sólo las veces que se pueden contar con una mano, e invertí grandísimas cantidades de dinero en acciones que tuvieron la suerte de triplicarse una y otra vez…
Todo eso y nada más. Si busco en mi memoria una alternativa a este pensamiento fijo que ha sido el hilo conductor de mi vida, no puedo encontrarla.
Estoy tumbado en mi cama mirando por la ventana el mundo exterior, tan lejano y frío. Está lloviendo. No sé si las que veo caer y pegarse a los cristales son lágrimas o gotas de lluvia, pero lo cierto es que estoy completamente solo.
En todos estos años he pasado por alto los dos aspectos más importantes en la vida de un hombre: el cariño y el amor. Me casé dos veces pero no supe ni quise guardar ninguna de estas relaciones. Nunca fui a la iglesia, nunca recé a Dios. Siempre he pensado ser capaz para salir del paso, sin necesitar la ayuda de otras personas.
No quise tener hijos, corté las relaciones con mis padres y mis familiares. Nunca tuve el tiempo para salir con mis amigos, ir de copas, al cine o a esquiar. Nunca tuve el tiempo para bajar al bar de la esquina y tomar una cerveza… Y todo esto porque tenía que hartar mi codicia y apagar mi sed de riqueza y poder.
El tumor ha sido como un rayo de luz, ya lo he dicho, caído para iluminar la inmensa oscuridad de mi mente y de mi vida.
Ahora quiero acercarme a Dios y redimir mis culpas. Quiero abrazar la fe, cambiar mi vida y rellenar el vacío que me ha acompañado a lo largo de estos años.
Esto es lo que siento profundamente en mi corazón.
Hoy en día, daría todo lo que tengo y he ganado para poder volver atrás y no seguir las huellas que me han llevado hasta aquí. Si tuviera esta oportunidad pasaría más tiempo -quizás- junto a la mujer que amo, tendría hijos a quienes enseñarles los valores positivos, disfrutaría con esmero de mi tiempo libre y -a lo mejor- bebería aquella cerveza que nunca supe saborear.
Ahora más que nunca necesito estar rodeado de amor, cariño, calor y amistad.
Y en cambio estoy solo. ¿Dónde y cómo podré volver a encontrar los amigos que perdí hace mucho tiempo? Ahora más que nunca que soy mayor, enfermo y tan vulnerable, tengo que poner remedio a mi existencia vana y vacía como nada.
Como no tengo heredero al que dejar todos mis bienes y mi fortuna, he decidido entregar mi riqueza a quienes la necesitan de verdad. Liberarme de este dinero es una responsabilidad muy grande para mí, pero la conciencia de que este dinero me provocó -y sigue provocándome- tanto dolor, le da a este peso la levedad de una pluma y mi tarea llega a ser más fácil e imperativa.
Al final, quizás encuentre un sentido a mi vida, y a los últimos días que me quedan para vivir en este mundo.
Explore posts in the same categories: Spagnolo